Columna de opinión: El techo de cristal, cuéntame una nueva Sam.

Por Elizabeth Garrido, directora de contenido de Woman Advisor, periodista, mamá de Sofía

Hasta hace poco tiempo, hablar del techo de cristal parecía una metáfora arcaica. Los términos como feminazi caían muy rápido frente a cualquier tipo de intención de cuestionar el sistema establecido. Hoy nos damos cuenta que la honestidad está llegando a muchos ámbitos sociales y que ya no es extraño preguntarnos qué pasa con las mujeres a la hora ser elegidas para cargos de alto nivel o de autoridad gubernamental.

Cada día es más recurrente escuchar sobre esta “invisibilización”de las féminas. Durante el lanzamiento de Woman Advisor, Sally Bendersky, Master Coach experta en liderazgo, se refirió a este término destacando que durante toda su carrera de ingeniera “nunca hizo una pregunta en público porque la mujer debía estar invisibilizada”. Y es hoy donde pienso que mientras más expuestas y presionadas estamos a ser perfectas en todo (madre, profesional, amiga, hermana, esposa, etc.) más invisibles nos volvemos como personas. Estos formatos seriados en que nos transformamos, donde los rostros no deben tener arrugas, donde las estrías no deberían quedar después de un embarazo y ni que hablar del estrés, son parte de un yugo social que nosotras también aceptamos (sí, hay que hacerse cargo).

Pero amigas, hay luz al final del túnel y no estamos solas en esto. Cada vez son más los y las líderes que incluyen en sus equipos a mujeres con perfil tan altos o más que sus colegas varones. Recordemos el caso del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien en una entrevista con Clarín destacó: “A la hora de seleccionar perfiles gerenciales, vuelven a imponerse los lugares comunes de la discriminación de género. Quienes toman decisiones parecen pensar que las mujeres sólo se dedican a las pequeñas cosas, que son obsesivas, detallistas. Al mismo tiempo, señalan que para ocupar cargos directivos hace falta una mirada general, panorámica, y además ser ambicioso, rudo y desapegado, cualidades más afines a los estereotipos de la masculinidad. Cuando los directivos imaginan las características de los empleados proyectables, de lo que menos se habla es de la formación académica”.

Solidaridad, comunicación y empatía, rasgos propios de la mujer que prometen un futuro más equitativo, donde ya no se hable de una lucha de sexos sino de la suma de potencialidades para una sociedad más justa y equilibrada. A celebrar, tenemos un buen futuro!

Firma: @lizbaires


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